13 mar 2020 Publicado en: Tratamientos
ESTRÉS Y LA PIEL ¿Qué provoca el estrés en la piel?

Estrés y la piel: Importancia del estrés en los trastornos cutáneos

Muchas veces hablamos sobre los daños externos que causan un deterioro en la salud de la piel y cómo tratarlos, pero ¿qué hay con nuestro estilo de vida?, ¿qué tanto efecto tiene el día a día sobre nuestra salud dermatológica?, ¿nuestras preocupaciones acaso juegan un rol en la misma?

Para poder contestar alguna de estas preguntas, tenemos que aprender sobre uno de los enemigos silenciosos que más impacto tiene en nuestro cutis: el estrés.

¿Qué es el estrés?


El estrés es un estado de activación bio-psico-social que aparece cuando el organismo tiene que adaptarse a nuevos desafíos. En este proceso, nos volvemos más susceptibles a presentar disfunciones y enfermedades.  

La medición o la manera de “objetivar” este estrés se puede percibir a partir de:

  • La liberación de adrenalina: El estrés genera liberación de adrenalina y noradrenalina, hormonas que nos ponen alertas para reaccionar rápidamente ante cambios bruscos.

  • La activación neuroendocrina: Esta es quizás la más conocida. Se expresa por el incremento sostenido de los niveles de cortisol, considerado como el más importante marcador biológico de estrés.

  • La inhibición inmunitaria: El estrés disminuye la vigilancia inmunitaria, pudiendo reactivar virus “silentes”, como por ejemplo el del herpes.

  • La inhibición conductual: Los niveles elevados de estrés promueven la desorganización de los aprendizajes y la ausencia de percepción de control sobre el entorno.



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¿Cómo funciona entonces la cascada de liberación hormonal ante el estrés?

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Como fue explicado anteriormente, cualquier amenaza que altere el balance natural del organismo se percibe como un factor estresante desencadenante de eventos que, finalmente, culminarán en la activación del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal. 

El fin de esta activación es preparar al humano para mantenerse atento ante situaciones que requieran huir, luchar o estar mucho más vivaz para reaccionar de manera veloz. Gracias a este mecanismo, hemos sobrevivido años ante amenazas externas primitivas. El problema radica cuando el fenómeno estresor se perpetúa, se cronifica y persiste a lo largo del tiempo ya que impacta de manera negativa en todo el cuerpo y puede eventualmente acarrear enfermedades, entre ellas cutáneas.

Los estudios retrospectivos y prospectivos apoyan la noción largamente sospechada de que los eventos estresantes crónicos se relacionan con el inicio o la exacerbación de las enfermedades de la piel no tan benevolentes tales como el eccema atópico, la psoriasis, la urticaria, la rosácea, las alergias, la infección por el virus del herpes simple, la alopecia areata, las verrugas y muchas otras.

Este círculo vicioso no solo concluye en una causa puntual que empeora la salud de la piel, sino que también tiene un impacto estético. La auto-percepción física desfavorable juega un rol importantísimo en mantener y aumentar aún más el estrés emocional. Los trastornos cutáneos más conocidos (como por ejemplo el acné) pueden convertirse en una fuente importante de angustia, produciendo estigmatización y aumentando así los niveles de cortisol. 

A nivel más superficial, también se ve reflejado en la aparición de líneas de expresión más tempranamente, sobre todo en la frente y en el ceño, lugares donde más gestualizamos cuando nos encontramos molestos o preocupados. 

¿Qué es y cómo se genera el CORTISOL?

Cuando se produce una situación estresante, el cuerpo reacciona inmediatamente. Las glándulas suprarrenales comienzan a producir cortisol para satisfacer estas necesidades urgentes del organismo en lugar de simplemente liberarlo ante un nivel bajo de glucocorticoides en la sangre, como suele ser normalmente. Es importante volver a resaltar que niveles altos, sostenidos en el tiempo, pueden generar trastornos negativos en nuestro cuerpo y en nuestra piel.

Ya entendimos que el cortisol es la principal hormona que genera estragos en la salud de la piel, pero ¿cómo se produce y libera?

  1. El primer paso siempre es el mismo: La existencia de un factor estresor que dará pie al comienzo del eje.El factor estresor puede ser el propio estrés psicológico  que no es controlado o que se perpetúa en el tiempo, la aparición de una enfermedad, un accidente emocional reciente, un disbalance metabólico, etc. Es básicamente cualquier situación que sale de nuestro control.

  1. El segundo paso es la activación del hipotálamo por consecuencia del factor estresor. El hipotálamo es una parte del encéfalo, situado en el centro del cerebro, que como resultado de su activación liberará una hormona llamada CRH (hormona liberadora de corticotropina).

  2. En el tercer paso, la CRH liberada por el hipotálamo actuará sobre la glándula pituitaria/hipófisis. La glándula pituitaria es un pequeño órgano ubicado en la base del cerebro que se encarga, entre muchísimos procesos endocrinos, de la liberación de ACTH (hormona adrenocorticotrópica).

  3. En el cuarto paso, la ACTH liberada por la glándula pituitaria viaja hasta las glándulas suprarrenales que, finalmente, serán las encargadas de liberar cortisol después de haber sido estimuladas.


¿Un poco largo? Sí, son un MONTÓN de pasos, pero justamente son tan minuciosos por una razón: en la práctica clínica, a partir del conocimiento del eje, se pueden utilizar medidores a lo largo de toooodo el trayecto para ver en dónde hay un problema y así poder solucionarlo. ¡Definitivamente el cuerpo humano es maravilloso!


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¿Cómo se detecta el cortisol? ¿Cómo se pueden bajar sus niveles?

Esta hormona puedes detectarla a través de un análisis de sangre (lo más usual), orina o saliva. 

En medidas generales, los valores de referencia de los niveles de cortisol en la sangre son:

  • Mañana: 5 a 23 mcg/dL.
  • Final del día: 3 a 16 mcg/dL.

Podemos controlar esta hormona mediante:

  • Buena alimentación:
    - Consumir vegetales verdes, nueces y frutas cítricas.
    - Disminuir el consumo de cafeína.
  • Bajando el foco del estrés. Es clave el buen descanso ya que cuando se duerme de forma profunda y relajada sus niveles disminuyen. 
  • Tomar mucha agua para mantenerse hidratado. Consumir un vaso de agua antes de dormir y nada más despertar ayuda a mantener equilibrados los niveles de cortisol.
  • Ejercicio físico de forma regular.
¿Cómo puede afectar el CORTISOL a nuestra piel?

Como vimos anteriormente, ante un episodio de estrés el cortisol se produjo de manera masiva y… finalmente vemos los resultados:

  • Acné y puntos negros: El cortisol elevado genera una sobreproducción de sebo por parte de las glándulas sebáceas, lo que puede desencadenar un cuadro de acné o empeorar aquel ya existente.
    Y, dado que los poros se obstruyen, no solo promueve el acné, sino que también puede generar comedones (conocidos popularmente como “puntos negros”) debido al sebo que se oxida al contacto con el medio ambiente.

  • Envejecimiento prematuro: Variados estudios demuestran que aquellos sujetos que pasan más tiempo bajo los efectos del estrés, tienen líneas de expresión más profundas y más arrugas que quienes llevan una vida más sencilla y relajada. Esto se debe a 2 grandes factores:

    • Menor irrigación sanguínea hacia la piel: Para preservar la función de los órganos más nobles como el corazón, el cerebro y los riñones y asegurarse de que operen de manera óptima ante las situaciones de estrés, el organismo vierte su energía en dirigir más acumulo de sangre hacia allí y deja en un rol más secundario a la piel. Si esta situación se repite en el tiempo, terminamos con un escenario en el cual la piel es la mayor damnificada.

    • Irrumpe la síntesis de melatonina: La melatonina es una de las principales hormonas encargadas de controlar el ciclo de sueño. Siendo la noche, al descansar, el momento cúlmine en el cual se produce la regeneración de las células de la piel, resulta lógico entender por qué si lo disminuimos afectamos la salubridad del cutis.

  • Enlentece el tiempo de cicatrización: La elevación brusca del cortisol tiene un efecto negativo en todas las pieles, pero se ve aún más potenciado en pieles secas y con heridas, que demoran más en sanar.

  • Empujes y exacerbaciones de enfermedades cutáneas inmunomediadas: Es tanto el efecto del estrés sobre este tipo de patologías, que uno de los brazos del tratamiento de las mismas consiste en identificar aquellas situaciones estresoras que desencadenan los brotes e intentar evitarlas.

  • Disminución en la producción de colágeno: El cortisol elevado mantenido en el tiempo favorece la aparición de arrugas y disminuye la flexibilidad de la piel.

  • Estética: A simple vista, la piel se ve más opaca y reseca, se descama con mayor facilidad, tiene más tendencia a presentar manchas y en general empeora su textura, quedando menos tersa.

  • Aumento de los radicales libres: El estrés también contribuye al aumento de los radicales libres que, cuando se producen en exceso, atacan a las células sanas de la piel deteriorando sus membranas o alterando su ADN.

¿Cómo podemos evitar o reducir el estrés?

Si bien algunas medidas externas podrían resultar levemente beneficiosas, el foco principal debe estar enfocado en combatir la causa generadora de estrés. 

Así que, ahora que entendimos que el exceso de estrés y la piel no son grandes amigos, tenemos la excusa perfecta para relajarnos, poner buena música, hacernos una mascarilla y explicar que simplemente hacemos todo esto para disminuir nuestros niveles de cortisol y lograr que no nos juegue una mala pasada, ¿verdad?

Algunos consejos para reducir el estés:

  • Cuidado de uno mismo:
    • Ejercicio físico / Realizar actividades de disfrute / Contacto con la naturaleza
    • Descanso / Sueño
    • Alimentación saludable: Frutas, verduras, legumbres, Omega 3, etc.
  • Técnicas de meditación – Relajación / mindfulness, silencio, oración, etc.
  • Gestión del tiempo – Orden, decir NO, delegación de tareas, etc.
  • Espacios de desconexión
  • Ayuda psicológica 
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